Conexión entre lo natural y lo divino: los cenotes son, en su definición de NatGeo, pozas naturales que se forman en cavernas calizas.
Desde una perspectiva espiritual, muchos eran utilizados por la cultura maya como portales al inframundo, por lo que eran reverenciados por esta civilización.
Ya desde una óptica contemporánea, son principalmente espacios destinados al disfrute, infaltables en la agenda de todo turista.
Si nunca entraste a uno, vale la pena hacerlo, pero hay algunas cosillas que debes saber si vas a experimentarlo por primera vez y no, no suelen venir en las guías:
El agua es fríaaaaa
Vamos, no es que esté bajo cero, muchas veces está “fresca”. Pero habrás notado que las temperaturas en Yucatán, en varios momentos del año son infernales, así que al tocar el líquido, mucho más fresco, lo sentiremos helado.
Probablemente metas un dedito del pie antes de entrar y comiences a pensártelo, pero no, no lo dudes, sin pensar, como diría Quin-Gon Jinn, “solo actúa”.
No perfumes, no lociones, no Moco de gorila
Alterar el agua de los cenotes con químicos cenotes podría resultar fatal para el ecosistema que vive en sus aguas e incluso rocas. El día que tengas planeado entrar, evitar usar perfumes, desodorantes, repelentes y gel.
En algunos cenotes en espacios turísticos ya hay regaderas para darse una enjuagada antes y después de entrar, pero otros privados (en casas, por ejemplo), no siempre sucede, así que por cortesía y amor a la vida, esta será una de las raras veces donde es mejor no usar desodorante… un ratito al menos.
Las piedras y el agua no son souvenirs
Todos tenemos un familiar que nos pide llevarle arena o piedritas si vamos al mar o la montaña, pero no, en los cenotes esto está prohibido.
Cada elemento (rocas, fauna, agua), está allí por una razón y juega un papel en el pequeño mundo al que estamos entrando. Aunque parece insignificante, llevarse una piedrita altera a los seres vivos y procesos naturales que allí se desarrollan.
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